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Gestión emocional Psicología infantil

5 estrategias para enseñar a resolver conflictos en la escuela.

5 estrategias para enseñar a resolver conflictos en la escuela.

La escuela, además de ser uno de los primeros lugares de socialización para los niños, es tambien, un lugar donde se reproducen diferentes fenómenos sociales a una escala micro, y un lugar ideal para resolver conflictos.

El conflicto es una realidad inherente a la vida en sociedad.  Es por esto que los conflictos no deberían alarmarnos o preocuparnos tanto. Lo que debería llamar nuestra atención es la forma de resolver los conflictos cómo enseñamos a nuestros hijos y/o alumnos a hacerlo. Esto será decisivo en la resolución del conflicto o por el contrario que escale en el tiempo. Lo cual podría desencadenar situaciones de acoso o de violencia escolar, con las consecuencias nefestas que todos conocemos.

Esta es la segunda de dos entradas en las que nos centrarnos en estrategias asertivas para la resolución de conflictos en la escuela.  Consideramos que los centros educativos son los espacios por excelencia para el aprendizaje, no sólo de contenidos teóricos y científicos, sino, sobre todo, de cómo vivir en sociedad.  Al mismo tiempo, llama la atención la alta incidencia de casos de acoso escolar o bullying, y las formas de gestionar, no siempre adecuadas, que padres y docentes deciden implementar en estos casos.

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El miedo al conflicto y cómo enseñar a resolverlo asertivamente.

Históricamente, nuestra sociedad nos ha educado bajo la idea de que los conflictos son algo negativo y que hay que evitarlos, esto a su vez ha impulsado formas erróneas de afrontarlos. De ahí que los modelos de familia o escuela no tengan suficientes herramientas para promover la convivencia armónica, y persistan estrategias que impulsan la hostilidad (Funes, 2000).

Conductas como: hablar mal del otro(a) a sus espaldas, usar la rabia o el enojo para confrontar física o verbalmente o excluir al otro son formas en las que la comunicación está completamente ausente, y desconocen el valor de la palabra para establecer lazos de comprensión mutua que favorecen relaciones de respeto y tolerancia más fuertes (Feandalucia, 2010).

En este sentido, es común que cuando se presentan conflictos en la escuela, los adultos, padres de familia o docentes, intermedien la mayoría de las veces sin contar con la capacidad de los niños(as) o adolescentes para resolver estas situaciones.  Es decir, muchas veces se desconoce que en ellos hay habilidades para llegar a acuerdos, plantear sus propias opiniones o asumir las consecuencias de sus actos.

¿Cómo mediar adecuadamente un conflicto?

Por lo general, se tiende a impulsar en los niños(as) y adolescentes, conductas evitativas, como ignorar a quien es hostil y sus actitudes, “no prestar atención” a las agresiones, alejarse y excluir al agresor o incluso autoexcluirse de las situaciones.  Otras veces, se les pide enfrentamiento físico, diciéndole a los menores “defiéndete”, o incitando a devolver la agresión.

De esta forma, no sólo se propicia que los conflictos persistan o escalen, sino que se limita la creatividad y capacidad de los menores para enfrentar situaciones que no sólo se presentarán en la escuela sino también a lo largo de sus vidas.  Así, en lugar de impulsar o enseñar al menor agredido a poner límites sanos, exigir respeto, comunicar sus emociones o pedir ayuda, se educa desde el victimismo, se le compadece o se inhabilitan sus emociones diciéndole “ignóralo” (Aulasiena, 2016).

Mientras tanto, al agresor no se le ayuda a ser consciente de sus actos y sus consecuencias.  Igualmente, pocas veces se le enseña a controlar sus emociones y expresar sus sentimientos de forma no violenta o agresiva.  O comúnmente, se tiende únicamente a culpabilizarlo o aislarlo bajo etiquetas de “problemático”, “agresivo” o “asocial”, que impiden su poder para la autoreflexión y el cambio.

Estrategias para la resolución de conflictos en la escuela.

Si queremos contribuir a generar una sociedad más sana en cuanto a formas de convivencia y tolerancia, es fundamental trabajar en ello desde la infancia.  El ámbito escolar es un excelente lugar para formar niños(as) y adolescentes conscientes, inteligentes emocionalmente y asertivos a la hora de enfrentar los conflictos (Funes, 2000).  Algunas de las medidas que podemos compartir y/o enseñar en el aula de clase o en casa son:

1. El conflicto no es algo negativo

Quizá una de las cosas que debemos cortar de raíz es la idea negativa o peligrosa que tenemos sobre el conflicto. Si educamos desde esta idea, los menores no van a querer enfrentar este escenario o lo harán de forma reactiva.  Por esto es fundamental instruir, en primer lugar, desde la aceptación, es decir, los conflictos son circunstancias normales de la vida en sociedad, simplemente reflejan la diversidad y el pluralismo en las formas de ver el mundo o habitar en él. Y, en segundo lugar, el conflicto es algo que puede fortalecer la comunicación y la convivencia sana, pues si se gestiona de manera adecuada ayuda a tolerarnos o entendernos mejor.

2. La importancia de gestionar las emociones:

Una de las formas más comunes por las que se desencadenan los conflictos es por la falta de gestión emocional. Esto es, no saber expresar lo que sentimos o hacerlo a través de emociones negativas como la rabia o la ira.  Es vital mostrar a los menores, tanto desde casa como en la escuela, canales alternativos para expresar lo que sienten.  Técnicas a través de la respiración, el deporte o el arte, pueden ser formas valiosas para conducir las emociones que les abruman y les llevan a ser explosivos o atacar a otros.

3. No invalidar sus emociones:

En todo momento, es fundamental escuchar lo que nuestros hijos o alumnos sienten. Ignorar o restar importancia a sus emociones puede generar frustración o la idea de que expresarlas no vale de nada.  Lo cual, llevará a una saturación emocional que en cualquier momento podrá estallar y no de la mejor forma.

4. Enseñar a poner límites:

Enseñar a los niños(as) y adolescentes a decir no, exigir respeto y poner límites a los demás, fomentará su autoestima y seguridad en sí mismos. Mostrar que esto no implica ser egoísta o mala persona, será la base para una mejor conducta y convivencia con sus compañeros(as) (Sanz, 2020).

5. Promover el diálogo y los acuerdos:

La base de la convivencia está en la comunicación asertiva y el logro de puntos en común. Resolver conflictos pasa por comprender que existen diferentes formas de pensar y actuar, pero que la base de estas diferencias debe ser el respeto por sí mismo y los demás.  La comunicación, la escucha y la empatía deben ser promovidos como elementos fundamentales para llegar a acuerdos con aquellos que no piensan igual.

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Autora: Rebeca Carrasco García.

Psicóloga y psicoanalista.

Bibliografía:

Funes, S (2000). Resolución de conflictos en la escuela: una herramienta para la cultura de paz y la convivencia, en, Contextos Educativos Revista de Educación, N°3, Pp, 91-106.

Fedeandalucia (2010). ¿Cómo solucionar los conflictos escolares?, en, https://www.feandalucia.ccoo.es/docu/p5sd7171.pdf, consultado mayo de 2022.

Aulasiena (2016). ¿Cómo resolver conflictos en el aula?, en https://aulasiena.com/como-resolver-conflictos-en-el-aula/, consultado mayo de 2022.

Sanz, E (2020). Claves para enseñar a poner límites a nuestros hijos, en, https://eresmama.com/claves-para-ensenar-a-poner-limites-a-nuestros-hijos/, consultado mayo de 2022.

 

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