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Familia Infantil y adolescentes

Alumnos con altas capacidades en el aula: cómo atender sus necesidades sin convertir el reto en más trabajo

Alumnos con altas capacidades en el aula: cómo atender sus necesidades sin convertir el reto en más trabajo

Hay niños que terminan una tarea antes que el resto y aprenden, poco a poco, a esperar sin molestar. Algunos dibujan en el margen, miran por la ventana o preguntan demasiado. Otros dejan de preguntar. Desde fuera, parece que todo va bien: aprueban, obedecen y no reclaman ayuda. Sin embargo, por dentro pueden sentir que cada mañana entran en un aula donde casi nunca les toca aprender algo que todavía no saben.

También hay alumnos con altas capacidades que no sacan buenas notas, olvidan los deberes, se bloquean ante un error o muestran dificultades de atención, lectura, escritura o relación. Su capacidad no los protege frente a los problemas escolares y emocionales. A veces incluso dificulta que los adultos los detecten, porque sus recursos compensan durante años aquello que les cuesta.

Atender las necesidades de los alumnos con altas capacidades no consiste en exigirles más, adelantar contenidos sin criterio ni convertirlos en ayudantes del profesor. Significa ofrecerles una educación donde encuentren profundidad, reto, autonomía y pertenencia, sin olvidar que siguen siendo niños o adolescentes con derecho a equivocarse, jugar, descansar y necesitar a los adultos.

En Self Psicólogos, clínica de psicología en Majadahonda, acompañamos a familias que llegan con una pregunta dolorosa: «Si mi hijo puede, ¿por qué cada vez quiere menos?». La respuesta rara vez cabe en una etiqueta. Necesitamos comprender al alumno, su manera de aprender, el contexto escolar y la historia que está construyendo sobre sí mismo.

¿Qué significa tener altas capacidades?

Las altas capacidades intelectuales agrupan perfiles diversos. No describen una personalidad concreta ni equivalen a obtener siempre calificaciones altas. Tampoco constituyen un diagnóstico médico. Hablamos de un potencial intelectual elevado que puede manifestarse de maneras distintas según el área, la edad, la motivación, las oportunidades, el contexto y el momento evolutivo.

Un alumno puede razonar con gran complejidad y, al mismo tiempo, necesitar ayuda para organizar la mochila. Puede leer varios cursos por encima de su edad y tener una letra poco legible. Quizá formule preguntas profundas, pero todavía no sepa gestionar la frustración cuando algo no sale como esperaba. Estas diferencias no demuestran una supuesta «inmadurez emocional propia de las altas capacidades». Muestran que el desarrollo humano no avanza como un bloque uniforme.

La capacidad no equivale al rendimiento

El potencial señala posibilidades; el rendimiento muestra lo que una persona consigue expresar en unas condiciones concretas. Entre ambos influyen la calidad de la enseñanza, el interés, el esfuerzo, la salud, el descanso, las relaciones, las funciones ejecutivas, la situación familiar y la presencia de otras dificultades.

Por eso, un expediente brillante no confirma por sí solo las altas capacidades y unas notas bajas tampoco las descartan. Cuando los adultos confunden capacidad con rendimiento, algunos alumnos quedan fuera de la identificación porque no responden a la imagen del niño rápido, aplicado y siempre motivado.

Si quieres ampliar esta cuestión, puedes leer nuestro artículo sobre los prejuicios más frecuentes acerca de los niños con altas capacidades.

Una valoración rigurosa mira al niño completo

Una evaluación adecuada no debería limitarse a una cifra de cociente intelectual. Necesita integrar pruebas cognitivas, historia evolutiva, observaciones de la familia y del colegio, rendimiento, creatividad, motivación, forma de aprender y posibles necesidades emocionales o del neurodesarrollo.

Dentro del sistema educativo madrileño, el profesorado especialista en orientación educativa asume la evaluación psicopedagógica. La familia puede aportar informes externos, pero conviene coordinarse con el centro para traducir los resultados en medidas educativas concretas. La identificación no debería funcionar como una medalla ni como una sentencia. Su valor reside en comprender mejor qué necesita ese alumno.

En «¿Cómo sé si mi hijo tiene altas capacidades?» explicamos con más detalle qué señales pueden orientar y por qué ninguna lista sustituye una valoración individual.

Las altas capacidades también forman parte de la diversidad educativa

Cuando un niño comprende desde la primera explicación y después repite durante semanas lo que ya domina, no está recibiendo una enseñanza ajustada. Puede cumplir las tareas, pero apenas practica algo esencial: enfrentarse a lo desconocido, pedir ayuda, probar estrategias y tolerar el error.

La educación inclusiva no consiste en que todos hagan lo mismo al mismo tiempo. Consiste en que cada alumno encuentre oportunidades reales de aprender y participar dentro del grupo. El reto no representa un premio para quien termina pronto; forma parte del derecho a recibir una respuesta acorde con las propias necesidades.

Qué reconoce la normativa educativa

La Ley Orgánica 2/2006, de Educación atribuye a las administraciones la identificación temprana del alumnado con altas capacidades, la valoración de sus necesidades y la adopción de planes de actuación y programas de enriquecimiento curricular. También contempla la flexibilización de la duración de las etapas.

En la Comunidad de Madrid, las medidas incluyen el plan individualizado de enriquecimiento curricular, la flexibilización y la propuesta de participación en el programa autonómico de enriquecimiento. La información oficial sobre alta capacidad intelectual explica estos recursos y el papel de los equipos de orientación.

Este marco resulta necesario, pero un nombre en un documento no transforma por sí solo la experiencia diaria. La respuesta cobra vida cuando el tutor, los especialistas, la orientación, la familia y el propio alumno acuerdan objetivos, medidas y formas de seguimiento.

Más trabajo no significa más aprendizaje

Una escena habitual resume el problema: el alumno termina diez ejercicios que ya domina y recibe otros diez parecidos. Aprende entonces que trabajar rápido conduce a una carga mayor. La próxima vez puede ralentizarse, ocultar lo que sabe o desconectar.

Atender las altas capacidades exige cambiar la calidad de la tarea, no aumentar de forma automática su cantidad. Antes de añadir contenidos, conviene preguntarse qué conocimiento domina el alumno, qué necesita practicar y qué propuesta puede llevarlo un paso más allá.

Compactar lo que ya domina

La compactación curricular reduce la repetición cuando el alumno demuestra que ya ha alcanzado determinados aprendizajes. No implica eliminar cualquier práctica ni permitir que decida sin criterio qué quiere hacer. El profesor comprueba el punto de partida, conserva los ejercicios necesarios y libera tiempo para profundizar o avanzar.

Esta medida protege algo valioso: la relación entre esfuerzo y aprendizaje. Si un niño pasa años obteniendo resultados sin encontrar dificultad, puede llegar a pensar que ser inteligente significa acertar de inmediato. Cuando aparezca el primer desafío real, quizá interprete la confusión como una prueba de incapacidad.

Enriquecer no consiste en entretener

El enriquecimiento amplía la profundidad, la complejidad, las conexiones o las formas de investigar un tema. Puede incluir preguntas abiertas, proyectos con una finalidad real, problemas con distintas soluciones, lectura de fuentes diversas, debates, creación de productos, experimentos o investigación guiada.

Una propuesta enriquecida no debería convertirse en una manualidad para mantener ocupado al alumno mientras el resto termina. Necesita objetivos de aprendizaje, acompañamiento, devolución y un nivel de exigencia adecuado.

Mihyeon Kim reunió 26 estudios en un metaanálisis sobre programas de enriquecimiento. Los resultados mostraron efectos positivos tanto en el rendimiento académico como en el desarrollo socioemocional, aunque el tipo de programa y la etapa educativa modificaban los resultados. Este matiz importa: no basta con llamar «enriquecimiento» a cualquier actividad; el diseño y el ajuste al alumno cuentan.

Ofrecer elección dentro de un marco

La autonomía favorece la implicación cuando permite tomar decisiones significativas. El alumno puede elegir entre varios temas, fuentes, formatos o preguntas, mientras el profesor mantiene claros los objetivos, los plazos y los criterios de calidad.

Elegir no significa quedar abandonado ante un proyecto inmenso. Algunos estudiantes necesitan ayuda para dividir una idea ambiciosa en pasos posibles, gestionar el tiempo y terminar lo que empiezan. La capacidad para comprender conceptos complejos no garantiza unas funciones ejecutivas igualmente desarrolladas.

Agrupamientos flexibles y aceleración: qué dice la investigación

Compartir parte del aprendizaje con compañeros que muestran un nivel o un interés semejante puede aliviar la sensación de estar siempre esperando. También permite debatir, colaborar y descubrir que otras personas saben cosas que uno desconoce. Ese encuentro devuelve al alumno la oportunidad de aprender con otros, no solo junto a otros.

Ahora bien, ningún agrupamiento debería convertirse en una jerarquía fija de niños «listos» y «menos listos». Los grupos flexibles responden a objetivos, materias o proyectos concretos y cambian cuando cambian las necesidades.

No todas las formas de agrupar producen el mismo efecto

Steenbergen-Hu, Makel y Olszewski-Kubilius analizaron alrededor de cien años de investigación mediante dos metaanálisis de segundo orden. Su estudio sobre agrupamiento y aceleración encontró beneficios académicos en los agrupamientos dentro del aula, entre cursos por materias y en agrupamientos específicos para alumnado con alta capacidad. En cambio, separar de forma general al alumnado en clases estables según supuesta capacidad mostró efectos muy pequeños.

La investigación no autoriza una receta idéntica para todos. Sí cuestiona dos ideas extendidas: que agrupar siempre perjudica y que mantener a todos los alumnos en el mismo nivel garantiza por sí solo la inclusión.

La aceleración requiere una decisión individual

La aceleración puede adoptar distintas formas: avanzar de curso, incorporarse a un nivel superior en una materia o acceder antes a determinados contenidos. El mismo trabajo encontró ventajas académicas para el alumnado acelerado frente a compañeros de su misma edad y resultados semejantes a los de estudiantes mayores con quienes pasó a aprender.

Eso no significa que adelantar un curso constituya la mejor opción para cualquier niño con altas capacidades. El equipo debe valorar el perfil cognitivo, la preparación académica, la motivación, la opinión del alumno, el contexto social, los apoyos disponibles y el seguimiento posterior. La edad emocional tampoco funciona como una prueba única para aceptar o rechazar la medida: hay que observar al niño concreto y no una imagen abstracta de madurez.

El bienestar emocional no admite estereotipos

Dos relatos opuestos persiguen a estos alumnos. Uno los presenta como niños privilegiados que no necesitan nada. El otro los describe como menores inevitablemente solitarios, hipersensibles, ansiosos y perfeccionistas. Ambos borran a la persona real.

Las altas capacidades no garantizan el bienestar, pero tampoco constituyen por sí solas un problema de salud mental. Duplenne y sus colaboradores compararon en un metaanálisis los niveles de ansiedad y depresión de personas con altas capacidades y de grupos de comparación. No encontraron diferencias significativas, aunque señalaron una heterogeneidad alta entre los estudios. Puedes consultar la revisión sobre ansiedad y depresión en personas con altas capacidades.

Este resultado no resta importancia al sufrimiento de un alumno concreto. Nos recuerda que debemos evaluar su experiencia sin atribuir cada dificultad a la etiqueta.

Perfeccionismo: mirar el funcionamiento, no el tópico

Algunos niños fijan estándares muy altos, evitan tareas donde podrían fallar o rompen un trabajo que no alcanza la imagen que habían imaginado. Otros disfrutan del desafío y toleran bien sus errores. El perfeccionismo no define a todo el alumnado con altas capacidades.

Stricker y sus colaboradores analizaron diez estudios con 4.340 estudiantes. Encontraron una tendencia algo mayor a establecer estándares elevados, pero no observaron más preocupaciones perfeccionistas de carácter desadaptativo. Los autores concluyeron que el perfeccionismo problemático no constituye un rasgo central de las altas capacidades. El metaanálisis sobre altas capacidades y perfeccionismo aconseja intervenir según la necesidad observada, no según el estereotipo.

El sentido de pertenencia también forma parte del aprendizaje

Un alumno puede estar integrado en la lista de clase y sentirse fuera de lugar por dentro. Quizá oculta sus intereses para no recibir burlas, evita participar para que no lo llamen «sabelotodo» o cree que debe elegir entre aprender y pertenecer.

El colegio puede cuidar este aspecto sin obligarlo a relacionarse solo con otros niños identificados. Conviene facilitar encuentros en torno a intereses compartidos, vigilar el acoso, enseñar formas respetuosas de disentir y permitir vínculos con compañeros de edades o perfiles distintos. Pertenecer no exige parecerse en todo.

Cuando las altas capacidades conviven con otra dificultad

Un niño puede tener altas capacidades y TDAH, autismo, dislexia, dificultades del lenguaje, problemas motores o cualquier otra condición. Los profesionales llaman doble excepcionalidad a esta coexistencia.

En ocasiones, la capacidad compensa la dificultad: el alumno comprende tanto que logra aprobar pese a leer con enorme esfuerzo o a no poder organizarse. En otras, la dificultad oculta el potencial y los adultos solo ven despistes, lentitud, mala letra o bajo rendimiento. También puede ocurrir que cada rasgo tape al otro y el niño no reciba apoyo en ninguna dirección.

Evitar la falsa elección entre dos explicaciones

Preguntar «¿son altas capacidades o TDAH?» plantea a veces un dilema equivocado. Pueden coexistir. La evaluación necesita analizar qué conductas aparecen, desde cuándo, en qué contextos y con qué consecuencias. El aburrimiento puede provocar desconexión, pero no explica automáticamente una dificultad persistente para regular la atención y la conducta en distintos ámbitos.

Si existen dudas, conviene coordinar a la familia, el centro educativo y los profesionales que evalúan al menor. Nuestro artículo sobre cómo detectar el TDAH en niños y adolescentes ayuda a diferenciar señales sin utilizar una lista como diagnóstico.

Diez medidas útiles para el aula

1. Comprobar el punto de partida

Antes de adaptar, el profesor necesita saber qué domina el alumno y dónde encuentra dificultad. Puede utilizar tareas iniciales, preguntas, conversaciones, producciones anteriores y la información de orientación. Una adaptación sin esta observación corre el riesgo de resultar demasiado fácil, excesiva o ajena a sus intereses.

2. Reducir la repetición innecesaria

Cuando el estudiante demuestra un aprendizaje, conviene seleccionar la práctica que todavía aporta algo. Esta decisión no elimina hábitos, constancia ni responsabilidad. Evita que el cumplimiento mecánico ocupe el tiempo destinado a aprender.

3. Aumentar profundidad y complejidad

Una buena tarea permite comparar perspectivas, formular hipótesis, relacionar áreas, justificar decisiones o crear una respuesta propia. El objetivo no consiste en adelantar sin límite, sino en abrir capas dentro del contenido.

4. Proponer proyectos con acompañamiento

Los proyectos independientes funcionan mejor cuando incluyen una pregunta clara, fases, fuentes adecuadas, reuniones de seguimiento y criterios de cierre. «Investiga lo que quieras» puede parecer libertad, pero deja a algunos alumnos solos frente a una tarea sin contorno.

5. Utilizar agrupamientos flexibles

El alumnado puede trabajar en determinados momentos con compañeros que comparten nivel, interés o ritmo. Los grupos deben responder a la tarea y revisarse. Así evitamos convertir una medida educativa en una identidad social rígida.

6. Enseñar a aprender cuando algo cuesta

Algunos estudiantes han avanzado durante años gracias a la comprensión rápida y todavía no saben estudiar, revisar, planificar o tolerar una primera versión imperfecta. El adulto puede modelar estrategias y reconocer el proceso sin repetir «tú eres muy listo» como explicación de cada resultado.

7. Dar una devolución concreta

Comentarios como «genial» o «esto para ti es fácil» aportan poca información. Resulta más útil señalar la calidad del argumento, la estrategia elegida, una conexión original o el punto que necesita revisión. La devolución precisa permite mejorar sin convertir el rendimiento en una medida del valor personal.

8. No utilizar al alumno como profesor auxiliar

Ayudar a un compañero puede formar parte de una experiencia cooperativa si todos alternan papeles y aprenden. Convertir siempre al niño que termina antes en ayudante le quita oportunidades de avanzar y puede complicar sus relaciones. Saber algo no lo obliga a enseñarlo.

9. Escuchar su voz sin entregarle toda la decisión

El alumno puede explicar qué tareas le interesan, cuáles vive como repetitivas y qué apoyos le ayudan. Los adultos mantienen la responsabilidad educativa, pero una medida tendrá más sentido cuando incluya su experiencia.

10. Revisar si la medida funciona

Un plan necesita indicadores sencillos: aprendizaje nuevo, implicación, asistencia, bienestar, producción, relaciones y opinión del alumno. Si la adaptación solo añade carga o no cambia nada, el equipo debe ajustarla. Mantener una medida ineficaz por fidelidad al documento no ayuda a nadie.

Errores que conviene evitar

  • Esperar a que fracase para actuar. Las buenas notas no demuestran que el alumno reciba una respuesta suficiente.
  • Añadir fichas iguales. La repetición extra castiga la rapidez sin generar aprendizaje.
  • Explicar cualquier conducta por el aburrimiento. El niño también puede sentir ansiedad, vivir un conflicto, dormir mal o presentar otra dificultad.
  • Exigir excelencia constante. Tener capacidad no obliga a destacar en todas las materias ni a aprovechar cada minuto.
  • Convertir la etiqueta en identidad. El alumno necesita reconocimiento por muchas partes de sí mismo, no solo por aquello que hace bien.
  • Llenar todas las tardes de actividades. El enriquecimiento no debería eliminar el juego libre, el descanso, la familia o las amistades.
  • Hablar de él delante de otros sin preguntarle. La identificación forma parte de su intimidad y merece cuidado.
  • Enfrentar a familia y colegio. La firmeza resulta compatible con una conversación centrada en necesidades observables y soluciones revisables.

Cómo puede colaborar la familia con el colegio

Cuando una familia percibe que su hijo se apaga, puede llegar a la reunión con muchos meses de frustración. El profesor quizá se siente cuestionado o dispone de pocos recursos. Si cada parte intenta demostrar que la otra está equivocada, el niño desaparece detrás del conflicto.

Ayuda llevar observaciones concretas: qué cuenta el menor, cuándo aparecen el rechazo o la desmotivación, qué tareas domina, qué cambios han observado y qué informe existe. En lugar de pedir «que lo estimulen más», conviene formular preguntas precisas sobre enriquecimiento, compactación, agrupamientos, evaluación y seguimiento.

Preguntas útiles para una reunión

  • ¿Qué aprendizajes tiene ya adquiridos y cómo los habéis comprobado?
  • ¿Qué objetivos nuevos tendrá durante este trimestre?
  • ¿Qué tareas podrá sustituir por propuestas de profundización?
  • ¿Quién acompañará los proyectos y con qué frecuencia?
  • ¿Puede trabajar en algún momento con compañeros de nivel o intereses semejantes?
  • ¿Cómo recogeremos su opinión sin colocar sobre él toda la responsabilidad?
  • ¿Qué señales utilizaremos para saber si la medida funciona?
  • ¿Cuándo volveremos a reunirnos para revisarla?

La familia también puede compartir un mensaje importante con su hijo: no necesita rendir para justificar la ayuda. El objetivo no consiste en fabricar un niño excepcional, sino en permitir que aprenda sin perder la curiosidad ni el derecho a tener una infancia.

Preguntas para el espejo educativo

Estas preguntas no buscan culpables. Pretenden abrir una conversación entre adultos y escuchar aquello que quizá el alumno todavía no sabe explicar:

  • ¿Está aprendiendo algo nuevo o solo cumple con rapidez?
  • ¿Qué ocurre cuando termina antes que sus compañeros?
  • ¿La adaptación reduce la repetición o simplemente añade trabajo?
  • ¿Tiene alguna oportunidad de enfrentarse a un reto que requiera esfuerzo?
  • ¿Puede equivocarse sin sentir que decepciona a todos?
  • ¿Reconocemos sus necesidades o solo celebramos sus resultados?
  • ¿Atribuimos cualquier dificultad a las altas capacidades?
  • ¿Existe alguna señal que aconseje valorar una doble excepcionalidad?
  • ¿Encuentra compañeros con quienes compartir intereses y sentirse parte del grupo?
  • ¿Le hemos preguntado qué vive dentro del aula?
  • ¿La familia y el colegio hablan sobre el niño o luchan por tener razón?
  • ¿Qué pequeña modificación podría devolverle mañana una experiencia real de aprendizaje?

¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?

No todos los alumnos con altas capacidades necesitan terapia. Ante una falta de reto, el colegio debe construir primero una respuesta educativa. La psicoterapia no puede compensar un aula que obliga al niño a pasar cada día fingiendo que aprende.

La ayuda psicológica puede resultar adecuada cuando aparecen ansiedad persistente, tristeza, aislamiento, rechazo escolar, dolores físicos frecuentes, insomnio, miedo intenso al error, conflictos familiares continuos o un descenso del rendimiento que nadie consigue comprender. También puede ayudar cuando surgen dudas sobre TDAH, autismo, dificultades de aprendizaje u otra doble excepcionalidad.

El trabajo terapéutico no debería enseñar al niño a soportar sin protesta cualquier entorno ni reducir todas sus dificultades a las altas capacidades. Puede ayudarlo a comprender lo que siente, construir una identidad más amplia que su rendimiento, tolerar la vulnerabilidad, pedir ayuda y encontrar maneras de relacionarse sin esconderse ni colocarse por encima de los demás.

Atender su capacidad sin perder de vista a la persona

Un alumno con altas capacidades no necesita que cada día resulte extraordinario. Necesita encontrar momentos donde el pensamiento pueda estirarse, la curiosidad tenga consecuencias y el esfuerzo conduzca a un aprendizaje verdadero. También necesita límites, juego, compañeros, descanso y adultos que no confundan su rapidez mental con autosuficiencia.

La escuela puede parecerse a una puerta abierta o a una sala de espera. Cuando ajustamos el reto, la profundidad y el acompañamiento, el niño deja de pasar las horas aguardando a que los demás lleguen a un lugar que él ya conoce. Vuelve a caminar. Y, al hacerlo, descubre algo más importante que destacar: descubre que todavía puede aprender.

Psicólogo infantil en Majadahonda y orientación en altas capacidades

En Self Psicólogos somos un centro psicológico de referencia en Majadahonda. Acompañamos a niños, adolescentes y familias cuando existen dudas sobre altas capacidades, desmotivación escolar, autoestima, perfeccionismo, relaciones, conducta o una posible doble excepcionalidad. Cuando resulta necesario, coordinamos el trabajo con el centro educativo para construir una comprensión compartida.

Si buscas un psicólogo en Majadahonda o una psicóloga en Majadahonda, nuestro equipo ofrece psicología infantil, psicología adolescente, terapia familiar y ayuda psicológica para cuidar la salud mental y el bienestar emocional. Puedes conocer nuestro servicio de altas capacidades y desarrollo del talento.

También acompañamos a familias que buscan un psicólogo en Pozuelo de Alarcón o terapia en Pozuelo de Alarcón, un psicólogo en Boadilla del Monte o terapia en Boadilla del Monte, y un psicólogo en Las Rozas o terapia en Las Rozas. Nuestra clínica de psicología se encuentra en la calle Gran Vía 52, Majadahonda.

Si necesitas orientación, puedes solicitar una primera consulta con Self Psicólogos.

Autora: Rebeca Carrasco García
Psicóloga General Sanitaria y psicoanalista relacional
Directora de Self Psicólogos, Majadahonda

Referencias

Duplenne, L., Bourdin, B., Fernandez, D. N., Blondelle, G., & Aubry, A. (2024). Anxiety and depression in gifted individuals: A systematic and meta-analytic review. Gifted Child Quarterly, 68(1), 65–83. https://doi.org/10.1177/00169862231208922

Jefatura del Estado. (2006). Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación. Boletín Oficial del Estado, 106. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2006-7899

Kim, M. (2016). A meta-analysis of the effects of enrichment programs on gifted students. Gifted Child Quarterly, 60(2), 102–116. https://doi.org/10.1177/0016986216630607

Steenbergen-Hu, S., Makel, M. C., & Olszewski-Kubilius, P. (2016). What one hundred years of research says about the effects of ability grouping and acceleration on K–12 students’ academic achievement: Findings of two second-order meta-analyses. Review of Educational Research, 86(4), 849–899. https://doi.org/10.3102/0034654316675417

Stricker, J., Buecker, S., Schneider, M., & Preckel, F. (2020). Intellectual giftedness and multidimensional perfectionism: A meta-analytic review. Educational Psychology Review, 32(2), 391–414. https://doi.org/10.1007/s10648-019-09504-1

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