Autoestima baja: cuando sientes que nunca eres suficiente
¿Alguna vez has sentido que, hagas lo que hagas, siempre queda algo de ti bajo sospecha?
Terminas un trabajo y piensas que podrías haberlo hecho mejor. Alguien te felicita y atribuyes el mérito a la suerte. Cometes un error y lo conviertes en una prueba de que no vales lo suficiente. Te comparas, te corriges, te exiges. Vives como si dentro de ti existiera un tribunal que nunca levanta la sesión.
La autoestima baja no siempre aparece como una voz que dice «no sirvo para nada». A veces adopta formas más discretas: pedir perdón por necesitar, aceptar lo que no quieres, evitar oportunidades, depender de la aprobación o sentir que debes ganarte constantemente el derecho a ocupar un lugar.
Mejorar la autoestima no consiste en mirarte al espejo y repetir que eres una persona maravillosa hasta conseguir creerlo. Tampoco exige ignorar tus dificultades. Implica construir una relación contigo en la que puedas reconocer tus límites, asumir tus errores y cuidar tus necesidades sin retirar por ello tu propio valor.
¿Qué es realmente la autoestima?
La autoestima expresa la valoración general que hacemos de nosotros mismos. Incluye cómo interpretamos nuestras capacidades, nuestro cuerpo, nuestras decisiones, nuestras relaciones y el lugar que creemos merecer entre los demás.
No equivale exactamente a la confianza. Puedes confiar mucho en tu capacidad profesional y, al mismo tiempo, sentir que nadie podría quererte si te conociera de verdad. También puedes sentirte inseguro ante una tarea nueva y conservar una relación respetuosa contigo.
Una autoestima sana no significa pensar que todo lo haces bien. Significa no convertir cada dificultad en una sentencia sobre quién eres.
Quien mantiene una autoestima estable puede reconocer:
- «Me he equivocado» sin concluir «soy un fracaso».
- «No sé hacer esto todavía» sin pensar «soy incapaz».
- «Esta persona no me ha elegido» sin interpretar «nadie podrá quererme».
- «Necesito ayuda» sin sentir que esa necesidad le quita dignidad.
- «Tengo aspectos que mejorar» sin tratarse con desprecio.
La autoestima tampoco equivale al narcisismo. La persona que se valora no necesita considerarse superior ni disminuir a los demás. Puede reconocer su importancia y, al mismo tiempo, aceptar que las otras personas poseen el mismo derecho a recibir respeto.
¿Cómo construimos nuestra autoestima?
Nadie nace pensando que vale poco. Construimos la mirada hacia nosotros dentro de una historia y, sobre todo, dentro de unas relaciones.
Durante la infancia necesitamos que las personas adultas nos ayuden a comprender quiénes somos. Un niño todavía no dispone de una imagen completa de sí mismo. La descubre en la manera en que lo miran, lo consuelan, lo corrigen, celebran sus avances y responden a sus necesidades.
Cuando un niño recibe afecto únicamente si obedece, destaca, cuida a los demás o no causa problemas, puede aprender una conclusión silenciosa: «Para que me quieran, tengo que convertirme en lo que esperan de mí».
La autoestima también puede resentirse cuando aparecen:
- Críticas frecuentes, humillaciones o comparaciones.
- Exigencias que no respetan la edad ni las capacidades del niño.
- Falta de reconocimiento emocional.
- Acoso escolar, exclusión o discriminación.
- Sobreprotección que transmite la idea de que el niño no puede hacer nada solo.
- Inestabilidad familiar o adultos que no pueden atender las necesidades emocionales.
- Afecto condicionado al rendimiento, la apariencia o la conducta.
- Responsabilidades familiares que obligan al niño a madurar demasiado pronto.
Comprender estos orígenes no significa culpar automáticamente a los padres. Muchas familias educan con los recursos que tienen y repiten formas de relación que también aprendieron. Además, el temperamento, las experiencias escolares, el grupo de iguales, la cultura, las enfermedades y las relaciones posteriores influyen en la imagen personal.
La historia ayuda a entender por qué una persona se trata de determinada manera. Sin embargo, no determina para siempre cómo tendrá que relacionarse consigo.
La autoestima puede cambiar a lo largo de la vida
Aunque algunas creencias sobre nosotros adquieren mucha estabilidad, la autoestima no representa una característica inmóvil.
Orth, Erol y Luciano analizaron 331 muestras longitudinales con 164.868 participantes de entre 4 y 94 años. Encontraron cambios sistemáticos en los niveles medios de autoestima a lo largo de la vida. En términos generales, aumentaba durante determinadas etapas de la infancia y la adultez, alcanzaba sus niveles medios más altos entre los 60 y los 70 años y descendía durante la vejez, especialmente en edades muy avanzadas.
Estos datos describen tendencias medias, no el destino de cada persona. Sin embargo, muestran algo importante: la autoestima puede modificarse con las experiencias, las relaciones y las etapas vitales. Puedes consultar el metaanálisis sobre el desarrollo de la autoestima entre los 4 y los 94 años.
Una ruptura, un despido, una enfermedad, la maternidad, la migración, el envejecimiento o una relación abusiva pueden cambiar la manera en que alguien se percibe. Del mismo modo, una relación segura, una experiencia de autonomía, un proceso terapéutico o una forma nueva de responder ante los errores pueden transformar esa mirada.
Señales de una autoestima baja
La autoestima baja no constituye por sí sola un diagnóstico psicológico. Tampoco podemos identificarla mediante un único rasgo. Conviene observar un patrón amplio y persistente.
Una voz interna que te habla con desprecio
Quizá utilizas contigo palabras que nunca dirigirías a alguien que quieres: «ridícula», «inútil», «débil», «egoísta» o «desastre».
La autocrítica puede adoptar una apariencia útil. Promete evitar errores, rechazo o fracaso. Sin embargo, una voz que humilla no enseña mejor. Suele aumentar la vergüenza, la ansiedad y el miedo a volver a intentarlo.
Dificultad para reconocer tus logros
Cuando algo sale mal, lo interpretas como una demostración de incapacidad. Cuando sale bien, piensas que era fácil, que cualquiera podría hacerlo o que has tenido suerte.
Este desequilibrio mantiene intacta la creencia negativa. Tu mente acepta inmediatamente las pruebas en contra de ti y somete a interrogatorio cualquier información favorable.
Necesidad constante de aprobación
Todos necesitamos reconocimiento. El problema aparece cuando la opinión ajena decide por completo cuánto valemos.
En ese caso, un mensaje sin responder, una crítica, una expresión seria o una diferencia de opinión pueden activar una angustia intensa. La persona no solo teme haber cometido un error. Teme que el error la vuelva indigna de afecto.
Dificultad para decir no
Algunas personas intentan proteger sus relaciones renunciando siempre a sí mismas. Aceptan planes que no desean, asumen cargas que no les corresponden o toleran comportamientos que les hacen daño.
Decir que sí evita momentáneamente el conflicto, pero puede dejar cansancio, resentimiento y una sensación de invisibilidad. Si este patrón forma parte de tu vida, puedes leer nuestro artículo sobre cómo decir no sin sentirte culpable.
Perfeccionismo y miedo al error
El perfeccionismo no siempre nace del amor por el trabajo bien hecho. A veces funciona como una armadura: «Si no cometo errores, nadie podrá descubrir que no soy suficiente».
La persona revisa en exceso, pospone decisiones, necesita tenerlo todo bajo control o evita empezar aquello que no puede garantizar que hará bien. El objetivo aparente consiste en alcanzar la excelencia. El objetivo emocional consiste en escapar de la vergüenza.
Comparación constante
Compararte puede darte información, pero también puede convertirse en una forma de maltrato interno. Observas los resultados visibles de los demás y los comparas con tus dudas, tus errores y todo lo que conoces de tu propia historia.
Además, eliges casi siempre a alguien que parece tener aquello que tú temes no poseer: belleza, éxito, seguridad, pareja, dinero, reconocimiento o facilidad social.
Relaciones en las que desapareces
Cuando dudas de tu valor, puedes aceptar relaciones en las que debes esforzarte continuamente para que no te abandonen. Te adaptas, justificas, esperas y reduces tus necesidades.
No permaneces porque la relación te cuide, sino porque perderla parece confirmar aquello que más temes: «Si me dejan, significa que no valgo».
En estos casos, puede ayudarte comprender por qué repetimos determinados patrones en nuestras relaciones.
Una relación difícil con tu cuerpo
La autoestima y la imagen corporal no representan exactamente lo mismo, pero pueden influirse. Algunas personas observan su cuerpo como si evaluaran un objeto que debe cumplir unas condiciones para merecer deseo, aceptación o visibilidad.
El cuerpo deja de funcionar como un lugar desde el que vivir y se convierte en una superficie sometida a examen.
También puedes tener éxito y mantener una autoestima frágil
La autoestima baja no siempre produce pasividad, aislamiento o fracaso. Algunas personas consiguen reconocimiento académico, profesional o social precisamente porque viven empujadas por el temor a no ser suficientes.
Trabajan más, se anticipan a todo, ayudan a todos y no se permiten fallar. Desde fuera parecen seguras. Por dentro, sienten que cualquier descanso podría dejar al descubierto su falta de valor.
El éxito no resuelve necesariamente esta inseguridad porque la persona no lo integra. Solo lo utiliza para aplazar el juicio:
«Hoy he demostrado que valgo, pero mañana tendré que volver a demostrarlo».
La autoestima basada únicamente en el rendimiento necesita alimentación constante. Nunca llega a sentirse segura porque depende del próximo resultado, de la próxima opinión y de no cometer el próximo error.
Autoestima baja, ansiedad y depresión
La autoestima baja puede convivir con ansiedad, depresión, dificultades alimentarias, problemas relacionales y otros tipos de sufrimiento psicológico. Sin embargo, una asociación no significa que todas las personas con inseguridad desarrollen un trastorno.
Sowislo y Orth reunieron 77 estudios longitudinales para examinar la relación entre autoestima, depresión y ansiedad. Los resultados apoyaron con mayor fuerza la idea de que una autoestima baja puede actuar como factor de vulnerabilidad para los síntomas depresivos. En el caso de la ansiedad, la relación aparecía de forma más recíproca.
El estudio no permite reducir la depresión o la ansiedad a un problema de autoestima. Ambos fenómenos dependen de numerosos factores personales, sociales, biológicos y relacionales. Puedes consultar el metaanálisis sobre autoestima baja, depresión y ansiedad.
Conviene solicitar una valoración profesional cuando, además de una percepción negativa de ti, aparecen tristeza persistente, aislamiento, pérdida de interés, ansiedad intensa, alteraciones importantes del sueño o la alimentación, sensación de desesperanza o pensamientos relacionados con hacerte daño. En estas situaciones no basta con realizar ejercicios de autoestima por tu cuenta.
El círculo que mantiene la autoestima baja
La psicóloga Melanie Fennell propuso un modelo para explicar cómo determinadas experiencias pueden originar creencias negativas sobre uno mismo y cómo esas creencias continúan activas durante la vida adulta.
El ciclo puede funcionar de esta manera:
- Una experiencia anterior deja una conclusión personal. Por ejemplo: «No soy importante», «no soy capaz» o «hay algo defectuoso en mí».
- Construyes reglas para protegerte. «Si complazco a todos, no me rechazarán», «si hago todo perfecto, nadie me criticará» o «si no muestro lo que necesito, no molestaré».
- Una situación activa la creencia. Recibes una crítica, cometes un error, alguien se distancia o surge una oportunidad que implica exponerte.
- Aparecen pensamientos, emociones y sensaciones. «Voy a hacer el ridículo», «se darán cuenta de que no valgo», miedo, vergüenza o tensión corporal.
- Intentas protegerte. Evitas la situación, te esfuerzas de manera excesiva, buscas confirmación, cedes o te retiras.
- La consecuencia confirma la creencia. No puedes comprobar qué habría ocurrido si hubieras actuado de otra manera y concluyes que tu miedo tenía razón.
La conducta protectora reduce el malestar durante unos instantes, pero mantiene el problema. Si nunca expresas tu opinión por miedo a que la rechacen, no descubres quién podría escucharla. Si evitas presentarte a un trabajo, proteges temporalmente tu miedo al fracaso, pero también pierdes la posibilidad de comprobar tus capacidades.
Puedes consultar el modelo psicológico de Fennell sobre la autoestima baja.
Por qué las afirmaciones positivas no siempre ayudan
Repetirte «soy la mejor», «puedo con todo» o «todo me sale bien» puede resultar poco creíble cuando tu experiencia interna dice lo contrario.
La mente no necesita propaganda. Necesita una mirada más completa y justa.
Entre «soy un fracaso» y «soy una persona extraordinaria en todo» existe un territorio mucho más humano:
- «He cometido un error y puedo intentar repararlo».
- «Esta situación me cuesta, pero eso no resume quién soy».
- «No necesito gustar a todo el mundo para tener valor».
- «Puedo sentir inseguridad y aun así actuar».
- «Mis necesidades merecen un lugar, aunque otra persona no las comprenda».
El objetivo no consiste en sustituir una mentira negativa por otra positiva. Consiste en abandonar una visión totalitaria de ti mismo.
Cómo trabajar la autoestima de una manera realista
1. Escucha las palabras exactas de tu voz crítica
Durante unos días, anota qué te dices cuando algo sale mal. No escribas únicamente «pienso negativamente». Registra la frase concreta, la situación que la activó y la emoción que apareció.
Pregúntate después:
- ¿De quién aprendí esta manera de hablarme?
- ¿Qué intenta evitar esta voz?
- ¿Me ayuda a reparar o solo me castiga?
- ¿Usaría estas palabras con alguien que quiero?
Comprender la función de la autocrítica no significa obedecerla. A veces nació como un intento de anticiparse al juicio ajeno: «Si me critico antes, quizá la crítica de los demás duela menos».
2. Diferencia los hechos de las sentencias
«No me han elegido para este puesto» describe un hecho. «Nunca conseguiré nada porque soy inútil» constituye una sentencia.
Intenta separar:
- Qué ocurrió realmente.
- Qué interpretación hiciste.
- Qué emoción apareció.
- Qué temes que el hecho diga sobre ti.
- Qué otras explicaciones también encajan.
Este ejercicio no elimina el dolor de una decepción. Evita que una experiencia concreta invada toda tu identidad.
3. Habla contigo con respeto, no con indulgencia
Tratarte con respeto no implica justificar todo lo que haces. Puedes asumir una responsabilidad sin humillarte.
La frase «actué mal y necesito reparar el daño» favorece el cambio. La frase «soy una persona horrible» suele encerrarte en la vergüenza.
La compasión hacia uno mismo no elimina la exigencia ética. Permite mirar el error sin necesitar destruir a quien lo cometió.
MacBeth y Gumley encontraron una relación sólida entre niveles mayores de autocompasión y niveles menores de síntomas psicológicos en su metaanálisis. Como los estudios incluidos utilizaban principalmente diseños correlacionales, no podemos afirmar que la autocompasión cause por sí sola esa reducción. Aun así, los resultados apoyan la importancia clínica de investigar cómo nos tratamos durante el sufrimiento. Puedes consultar el metaanálisis sobre autocompasión y malestar psicológico.
4. Actúa antes de sentirte completamente seguro
Muchas personas esperan tener autoestima para empezar a actuar. Sin embargo, la confianza también crece cuando atravesamos experiencias nuevas y comprobamos que podemos tolerar la incertidumbre.
Elige pasos pequeños y concretos:
- Expresar una opinión diferente.
- Pedir algo que necesitas.
- Enviar una candidatura sin cumplir todos los requisitos.
- Acudir a una actividad sin conocer a nadie.
- Mostrar un trabajo antes de considerarlo perfecto.
- Aceptar un cumplido sin quitarle valor.
No necesitas garantizar el resultado. Necesitas comprobar que una respuesta negativa no decide tu valor completo.
5. Revisa tus límites
Observa en qué relaciones dices sí mientras tu cuerpo, tu cansancio o tu enfado dicen no.
Poner un límite no garantiza que la otra persona lo reciba bien. Sin embargo, su reacción también proporciona información sobre la relación. Un vínculo que solo funciona mientras renuncias a ti necesita una revisión profunda.
6. Registra también aquello que tu crítica descarta
No se trata de elaborar una lista artificial de cualidades. Intenta reunir pruebas concretas y variadas:
- Decisiones difíciles que has tomado.
- Situaciones que has atravesado.
- Formas en las que cuidas a otras personas.
- Límites que has aprendido a poner.
- Errores que has reparado.
- Capacidades que has desarrollado con esfuerzo.
- Momentos en los que pediste ayuda.
Tu historia contiene más información que tus fracasos. La autoestima mejora cuando dejas de borrar sistemáticamente una parte de la realidad.
7. Observa qué relaciones alimentan tu desprecio hacia ti
No todos los problemas de autoestima nacen dentro de la persona. Algunas relaciones critican, controlan, ridiculizan o utilizan las inseguridades para conservar poder.
Antes de preguntarte por qué no consigues quererte, conviene observar si alguien te enseña cada día a dudar de ti.
También ayuda acercarte a personas ante las que no necesites actuar, destacar ni ocultar tus necesidades para conservar el vínculo.
8. Aprende a reparar sin condenarte
Una autoestima sana no evita todos los errores. Te permite volver a ellos, comprender sus consecuencias, pedir perdón y actuar de otra manera.
La responsabilidad mira hacia el daño y hacia la reparación. La culpa destructiva fija toda la atención en la idea de que tú eres el daño.
La autoestima de niños y adolescentes
Durante la infancia y la adolescencia, los adultos pueden contribuir a construir una valoración personal más segura. No necesitan decirle constantemente al niño que es el mejor. Necesitan ayudarle a sentir que conserva su valor cuando aprende, se equivoca, pierde o atraviesa una dificultad.
Algunas actitudes pueden ayudar:
- Reconocer el esfuerzo sin convertir el rendimiento en la medida del amor.
- Corregir una conducta sin definir al niño por ella.
- Evitar comparaciones entre hermanos, compañeros o familiares.
- Escuchar las emociones aunque no podamos conceder todo lo que pide.
- Permitir responsabilidades adaptadas a su edad.
- Respetar gustos, ritmos e intereses que no coincidan con los nuestros.
- Hablar de los errores adultos y mostrar cómo intentamos repararlos.
- Intervenir ante el acoso, la exclusión o las burlas.
La psicología infantil y la psicología adolescente no buscan fabricar niños seguros en todo momento. Ayudan a que el menor construya recursos para conocerse, pedir ayuda, tolerar las dificultades y conservar una sensación de dignidad.
Cuando el problema afecta a toda la convivencia, la terapia familiar puede ayudar a comprender cómo participa cada miembro en el patrón sin convertir al niño o al adolescente en el único responsable.
¿Cuándo conviene buscar ayuda psicológica?
Puede resultar recomendable acudir a terapia cuando la autoestima baja:
- Interfiere en tus relaciones, estudios o trabajo.
- Te impide tomar decisiones importantes.
- Te lleva a evitar oportunidades de forma repetida.
- Mantiene un perfeccionismo agotador.
- Hace que dependas constantemente de la aprobación.
- Te impide poner límites o salir de relaciones dañinas.
- Aumenta la ansiedad, la tristeza o el aislamiento.
- Provoca una relación hostil con tu cuerpo.
- Te hace sentir que no mereces cuidado, amor o respeto.
- Se acompaña de pensamientos relacionados con hacerte daño.
Una revisión sistemática y un metaanálisis de Kolubinski y sus colaboradores examinaron intervenciones cognitivo-conductuales basadas en el modelo de Fennell. Los resultados indicaron mejoras en las medidas de autoestima, especialmente en los tratamientos desarrollados durante varias sesiones. Sin embargo, los autores encontraron pocos estudios y señalaron que todavía resulta difícil separar algunos efectos de la mejoría de los síntomas depresivos.
Por tanto, la investigación ofrece resultados prometedores, pero no permite afirmar que una única terapia funcione igual para todas las personas. Puedes consultar la revisión sobre intervenciones psicológicas para la autoestima baja.
En terapia podemos trabajar los pensamientos críticos, las conductas de evitación, los límites y las experiencias actuales. Desde una perspectiva relacional, también exploramos cómo aprendiste a mirarte, qué papel ocupabas en tus vínculos y qué temes que ocurra si empiezas a mostrarte de una manera más completa.
El vínculo terapéutico puede convertirse en un lugar donde no necesites impresionar, complacer ni esconder aquello que consideras inaceptable. No porque el profesional decida cuánto vales, sino porque la relación permite revisar, poco a poco, la mirada desde la que has aprendido a juzgarte.
Preguntas para tu espejo interior
Estas preguntas no ofrecen un diagnóstico. Pueden ayudarte a escuchar cómo funciona tu relación contigo:
- ¿Cómo me hablo cuando cometo un error?
- ¿Qué necesito demostrar para sentir que merezco afecto?
- ¿Puedo aceptar un cumplido sin quitarle importancia?
- ¿Qué aspectos de mí oculto por miedo a decepcionar?
- ¿Confundo ser responsable con castigarme?
- ¿Qué temo que ocurra si digo que no?
- ¿Busco relaciones donde puedo ser yo o donde necesito ganarme continuamente un lugar?
- ¿Mi valor cambia según mi productividad, mi aspecto o la opinión ajena?
- ¿Qué decisiones tomaría si no necesitara garantizar que nadie me critique?
- ¿Qué parte de mi historia utilizo constantemente como prueba en mi contra?
- ¿Hay cualidades o logros que descarto porque no encajan con la imagen negativa que tengo de mí?
- ¿Qué aprendí en mi familia sobre necesitar, equivocarme y pedir ayuda?
- ¿Me permito descansar sin sentir que tengo que merecerlo?
- ¿Quién soy cuando no estoy intentando demostrar nada?
- ¿Cómo sería tratarme con firmeza, pero sin crueldad?
No necesitas convertirte en otra persona para empezar a cuidarte
Mejorar la autoestima no consiste en fabricar una versión impecable de ti. Consiste en dejar de abandonar a la persona que eres cada vez que falla, duda o necesita algo.
Quizá durante mucho tiempo la exigencia te ayudó a sobrevivir, obtener reconocimiento o conservar relaciones. Por eso no desaparecerá solo porque alguien te diga que debes quererte más. Necesitarás comprender qué protege, qué precio tiene y qué otras formas de cuidarte puedes construir.
La relación contigo no cambia de un día para otro. Cambia cuando empiezas a detectar la crueldad, a cuestionar las sentencias, a expresar un límite y a permanecer a tu lado después de un error.
No se trata de mirarte y pensar que todo en ti es extraordinario. Se trata de poder mirarte por completo sin que ninguna dificultad te expulse de tu propio afecto.
¿Quieres que te acompañemos?
Si la inseguridad, la autocrítica o la necesidad de aprobación están condicionando tus decisiones y tus relaciones, la ayuda psicológica puede ayudarte a comprender el origen del problema y a construir una relación más respetuosa contigo.
En Self Psicólogos contamos con profesionales especializados en terapia psicológica para la autoestima baja. Si buscas un psicólogo en Majadahonda, una psicóloga en Majadahonda o terapia en Majadahonda, podemos valorar contigo qué necesitas y qué enfoque encaja mejor con tu situación.
Nuestra clínica de psicología en Majadahonda acompaña también a personas procedentes de Pozuelo de Alarcón, Boadilla del Monte y Las Rozas. Atendemos a quienes buscan un psicólogo en Pozuelo de Alarcón o terapia en Pozuelo de Alarcón, un psicólogo en Boadilla del Monte o terapia en Boadilla del Monte, y un psicólogo en Las Rozas o terapia en Las Rozas.
El equipo trabaja con adultos, niños, adolescentes, parejas y familias. Además de los procesos relacionados con la autoestima y el bienestar emocional, ofrecemos terapia de pareja, terapia familiar, psicología infantil y psicología adolescente.
Nos encontramos en la calle Gran Vía, 52, planta 2, en Majadahonda.
Autora: Rebeca Carrasco García
Psicóloga General Sanitaria y psicoanalista relacional
Directora de Self Psicólogos, Majadahonda
Referencias
Fennell, M. J. V. (1997). Low self-esteem: A cognitive perspective. Behavioural and Cognitive Psychotherapy, 25(1), 1–26. https://doi.org/10.1017/S1352465800015368
Kolubinski, D. C., Frings, D., Nikčević, A. V., Lawrence, J. A., & Spada, M. M. (2018). A systematic review and meta-analysis of CBT interventions based on the Fennell model of low self-esteem. Psychiatry Research, 267, 296–305. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2018.06.025
MacBeth, A., & Gumley, A. (2012). Exploring compassion: A meta-analysis of the association between self-compassion and psychopathology. Clinical Psychology Review, 32(6), 545–552. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2012.06.003
Orth, U., Erol, R. Y., & Luciano, E. C. (2018). Development of self-esteem from age 4 to 94 years: A meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin, 144(10), 1045–1080. https://doi.org/10.1037/bul0000161
Sowislo, J. F., & Orth, U. (2013). Does low self-esteem predict depression and anxiety? A meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin, 139(1), 213–240. https://doi.org/10.1037/a0028931
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