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Beneficios de practicar la compasión

Beneficios de practicar la compasión

¿Alguna vez te has parado a pensar en cómo te sientes al ver a alguien que está sufriendo? ¿Y cuando eres tú la persona que está sufriendo? A través de este artículo nos adentraremos en el mundo de la compasión, saber la importancia que tiene y cómo podemos empezar a practicarla.

Cuando oímos la palabra <<compasión>>, quizás nos refiramos automáticamente a una connotación negativa y de lástima o pena hacia otra persona, colocándonos en una posición superior de quien está sufriendo. Pero lo cierto es que tiene otra connotación diferente de la que conocemos.

El origen de la palabra <<compasión>> procede del griego sympatheia que quiere decir sentimiento de simpatía, y del latín cumpassio que pone en énfasis la sensación de tristeza; dicha palabra compuesta significa «sufrir juntos». Por lo que a partir del origen de esta palabras podemos intuir qué significa esta palabra.

El Dalai Lama (1995) la definió como:» la sensibilidad hacia el sufrimiento propio y el de los demás con la profunda intención de aliviarlo e impedirlo».

Según Fanny and Mckay (1992) la compasión es un proceso multifactorial que incluye el desarrollo de la comprensión, aceptación y el perdón; siendo diferente de la autoestima.

Y por otro lado, la auto-compasión es la misma actitud pero hacia uno mismo (Germer, 2005).

Beneficios de practicar la compasión:

Una vez definido el concepto <<compasión>>, podemos preguntarnos para qué sirve y qué beneficios podemos obtener si la practicamos. Aliviar el sufrimiento y malestar de la gente que nos rodea, como del nuestro propio, no aporta múltiples beneficios, tanto a nivel individual como a nivel colectivo:

Conectar con el sufrimiento ajeno y movilizarnos a aliviarlo e impedirlo nos ayuda a conectar mejor y a un nivel más profundo con la gente que nos rodea y comprenderlos sin juzgarlos. Además, de mejorar la comunicación con nuestro entorno y nuestra inteligencia emocional.

Diferencias entre empatía y compasión:

Por un lado, la empatía es la capacidad de reconocer y de comprender las emociones del otro, y tener la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona para comprenderla. Ésta capacidad no significa compartir las mismas opiniones o justificar sus acciones.

Por otro lado, la compasión tiene de base la empatía, pero va un poco más allá. Ante la percepción del sufrimiento ajeno y empatizando con ello, nos moviliza a actuar ante é yquerer aliviar el sufrimiento de esa persona e intentar evitarlo.

La autocompasión:

Volvamos a la pregunta realizada al principio del artículo. ¿Alguna vez te has parado a pensar cómo te tratas a ti mismo cuando sufres o sientes malestar?

Párate un momento a pensar… ¿Cuál es tu diálogo interno, qué te dices a ti mismo? ¿Te hablas como hablarías a un ser querido si estuviese en tu situación, o por el contrario eres más duro y exigente contigo mismo? ¿Te exiges a ti mismo sentirte de otra manera ante situaciones cotidianas de estrés en el trabajo, con amistades, parejas o familia?

A veces, nos tratarnos de un modo muy crítico, y nos juzgamos y aislamos por la vergüenza. Evitamos nuestros sentimientos y nos escondemos en el sufrimiento.

Pero la autocompasión nos ayuda a tratarnos con amabilidad, y nos permite entender que sufrir es humano. Si podemos ser compasivos con los demás, también podemos serlo con nosotros mismos.

Cómo practicar la compasión:

¿Y cómo pongo en práctica todo esto? Prestar atención al sufrimiento de la gente que nos rodea será un primer paso. A veces no hace falta que hagamos «algo físico» para reconfortar a alguien, puede bastar con practicar una escucha activa. También podemos preguntar a esa persona, qué es lo que necesita en ese momento.

Otra de las maneras de desarrollar esta capacidad es a través del Mindfulness. Podemos realizar prácticas de meditación sentados (meditación formal) o a lo largo del día en distintas situaciones (meditación informal).

A continuación te facilitamos una de las prácticas de meditación informal llamada «Ablanda, Tranquiliza, Permite«:

Haciendo tres respiraciones profundas para introducirnos en la meditación, nos damos unos instantes para prestar atención a nuestra respiración y a continuación realizamos un chequeo corporal y nos preguntamos ¿dónde sentimos e identificamos corporalmente nuestro sufrimiento? (Las emociones también se manifiestan corporalmente)

Una vez identificada la zona del cuerpo donde sentimos ese malestar, vamos a procurar «ablandar, aflojar» esa zona del cuerpo. Repitiéndonos a nosotros mismos «ablanda, ablanda, ablanda…» si eso nos ayuda.

Vamos a «tranquilizarnos», poniendo una mano en el pecho o sobre el corazón como un acto de bondad hacia nosotros mismos nos vamos a calmar. Hablándonos a nosotros mismos con amor y bondad diciéndonos por ejemplo: «Esto duele, pero no durará para siempre» o repitiéndonos «tranquiliza, tranquiliza, tranquiliza»

Y por último vamos a «permitir» ese sufrimiento o malestar. Sin pretender que desaparezcan resistirnos a sentir ese dolor, sino dejándole estar, permitiéndole que se manifieste. 

A través de esta meditación trabajaremos los tres aspectos de la autocompasión: el físico (ablanda), el emocional (tranquiliza) y el mental (permite).

AUTORA: Carmen Díez

Psicóloga General Sanitaria

 

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Bibliografía:

Bellosta Batalla, M. (2019). Beneficios de una intervención basada en mindfulness y compasión en la formación de los psicólogos clínicos y sanitarios. Aumento de la empatía y los niveles de oxitocina salivar.

Bellosta-Batalla, M., Garrote Caparrós, E., Pérez-Blasco, J., Moya-Albiol, L., & Cebolla, A. (2019). Mindfulness, empatía y compasión: Evolución de la empatía a la compasión en el ámbito sanitario.

Germer, C., & Simón, V. (2011). Compasión y autocompasión. Aprender a practicar mindfulness. Barcelona.

 

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